MaryMary
Me marcho
Recordar es vivir
Que se supone que se hace al salir del trabajo y llegar a casa, donde todos los días preparabas café, para recibir al amor de tu vida, pero resulta que esa persona ya no está, es evidente que no estará y mucho menos llegara a tomar café a las 6:00 pm como siempre lo hacía

Sinopsis
Sentada en el balcón, en mí viejo sillón —al que amo— ( ¡Mi compañero fiel! ), al llegar del trabajo, luego de haber tenido una tarde abrumada: con una copa de vino y fumándome un puro, contemplo cómo las personas vienen y van, las risas de los niños, verlos como juegan y brincan, me saca una leve sonrisa: son felices, o al menos: es lo que reflejan ser. Sigo rodando la mirada, contemplado el panorama y lo hermosa que estaba la tarde de hoy, aparte de que es viernes. Fijo mi mirada en una de aquellas personas y me pregunto —¿que estará pensado en este momento?— algo absurdo, pero bueno... no puedo evitar hacerlo, por lo que selecciono otra: una señora de algunos 70, va con una bolsa y un bastón
—como es que un hijo deja a su madre hacer el mandado, teniendo esa edad y sabiendo el peligro que hay en las calles—. Pienso, "Cada cabeza es un mundo", citando esta frase me doy cuenta y me rio al hacerlo, que la cabeza de los hijos de esta señora no son un mundo, sino un barrio, donde solo viven cucarachas... suponiendo que los tenga. Poniéndome de pies me dirijo a la habitación, al llegar del trabajo solo tiré mi bolso, para de inmediato tomar un trago: había tenido un día muy pesado en la oficina: muchos papeles, firmas y todo eso que; aunque algunos piensen no es muy ajetreado, otras dicen: se gana la vida fácil; es agotador.
Sentada en la sala de espera de una comisaría, donde esperaba a uno de mis cliente, escuché cuando una señora dijo: Los abogado son los que se ganan el dinero más fácil. —¡¡Señora...a!! ¿Que usted dice?— Las personas están en un error —, oh algunas— ningún dinero se gana fácil, todo conlleva un sacrificio. Con el solo hecho de madrugar y aguantar el tránsito pesado de la ciudad, vasta, no es fácil la verdad, no es nada fácil. Hasta los ladrones, a pesar de no trabajarlos, no se lo ganan para nada fácil —¡Que irónico! Hablando de ladrones, así es como muchas personas nos describen, solo por el hecho de ser abogados.
Continúo caminado hacia la habitación con la copa en la mano derecha y mis zapatos en la otra mano, luego de haber acabado el puro, Ignacio estaba al llegar, el reloj marcaba las 5 y tanto: el llegaba a las 6:00 más tardar 6:15, depende del señor tránsito.
Tiro los zapatos, me doy un trago y coloco la copa sobre mi mesita de noche, quito el botón de mi pantalón, suavemente lo dejo caer al piso tarareando "Señora de las cuatro décadas", Ricardo Arjona. Sacando mis pies y desabotonando mi camisa me dirigí al baño, preparé la ducha y con la canción en la mente volví a la recámara, recogí el pantalón, al junto de la camisa, lo llevé al área de lavado y dejándolos en la ropa sucia volví al baño, me tardé algunos 20 minutos en salir, tarareando la canción que no abandonaba mis pensamientos, luego de haberme colocado un polo de Ignacio, miré el reloj, quien acababa de pitar las 6:00.
Escucho sonar el timbre —qué raro, el tiene llaves— Pensé. Fruncí el ceño y dije: " Bueno". Al abrir la puerta era el cartero, recibí y se marchó —que extraño, no trae remitente— me sorprendí, gesticule y seguí avanzando, fui por el abre cartas —aquí estaba ¿Donde te metes? Bueno... en ocasiones un poquito de agresividad no le hace daño a nadie— fue la excusa que puse para romper el sobre.
Al abrirlo y sacar la carta solo decía: "Me marcho"